Tuve un sueño

Tuve un sueño:

los hombres juntos trabajaban

escribiendo una sola esperanza,

y un Padre guiaba su camino.

 

Sus armas se derritieron en la gracia

que hizo uno todos sus destinos.

Ellos, sin orgullo ni arrogancia

procuraban un colectivo beneficio.

 

No tenían memoria del pasado,

ni de etnias, ni de partidos políticos.

No existían los agresores,

ni tampoco los rostros heridos.

 

Hermoso fue mi sueño:

blancos y negros, árabes y judíos

caminaban juntos, como hermanos,

compartiendo su alimento y abrigo;

escuchando juntos la voz de mi Padre,

para forjarse un eterno destino.

 

Y una voz dulce y poderosa

dejó en mi mente un mensaje escrito:

“Ese Reino que has visto en este día,

ha sido heredado a todos los niños;

pero ellos deben verlo a diario,

para reconocer cuál es el camino”

 

Al despertar, mi corazón ardía,

al recordar ese bendito destino.

¡Saber que ese Reino inconmovible

está al alcance de nuestros niños!

 

Y una pregunta atormentó mi alma

al pensar en estos pequeñitos:

¿estarán nuestras acciones

mostrando cuál es el camino

que abre las puertas de ese Reino

prometido a nuestros pequeñitos?

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