Gratitud

Abriste las puertas de tu casa
en un día aciago y frío.
Me ofreciste manjares y alegría
cuando mi alma buscaba abrigo.

¿Qué puedo darte yo en devoción
a tu amor interminable, oh Jesús mío,
ya que me diste todo sin la medida
escasa y seca del cálculo frío?

Ven, que te invito a la habitación
íntima del reposo mío,
para que duermas con mi amor

y recibas mi cariño,
pues así, te amaré con mi corazón
y será eternamente tuyo lo mío.

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