El hombre y el mar

Cuando el mar con su firmeza
golpea de las olas el andar,
dejando su blanca estela
en la nocturna oscuridad;

rompiendo el curso de las naves
que temen pronto naufragar,
anulando la osadía
de los que ciñen ante él su mirar;

derritiendo la esperanza
del sol que anhela brillar,
un hombre, con paz camina
disfrutando su libertad.

Y el mar, al ver su fuerza
se atreve a preguntar:
-¿Por qué no te asusta
el poder de mi bramar? –

-He vencido a la tormenta
que amenazó mi libertad,
he sujetado la aspereza
de la temible fatalidad;

me ha forjado en ella el herrero
con su santo y precioso metal,
resistente a las fuerzas
que los árboles han de doblar;

del horno he salido
con una aleación celestial
que me da su fuerte abrigo
ante la adversidad.-

Fue la intrigante respuesta
que recibió el poderoso mar.
Y ante estas vigorosas palabras,
el mar no pudo más que expresar:

-¡Mi brazo y mi rugido
que todo han hecho temblar,
jamás podrá con la fuerza
del hombre que vive en paz!-

2007

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