Poema 33

Me sumerjo en tu silencio cuando vivamente
refleja en sus pupilas el sol de las estrellas.
Es tu oda al amor, himno que relata memorias

como hilos de segundos ensanchados, que dejan
sus marcas en un papel de envejecidas hojas.

Ya no importa el tiempo, porque las palabras tuyas
se graban en la piel y el corazón, cantando

los versos que resuenan en la azul tarde. Bécquer
y su sinfonía se habrían extasiado,

creando una nueva rima en el libro invisible
y abierto de las niñas de tus cálidos ojos.

Esos versos son tu metáfora, que inefable
se pinta en el gesto de tus suaves labios rojos,

granadas soñadoras de múltiples silencios
que en mi cielo y en mi tierra causan alborozo:

¡Qué poderoso y profundo es el silencio tuyo!
¡Cómo surgen oasis de versos amorosos!
¡Cómo se vuelven reales los imaginarios

relatos que beso tras beso van naciendo,
en cada leyenda viva que a diario creamos!

¡Cómo no he de decir en cada letra tan nuestra
que no existe el tiempo, ni hay límite ni espacio!

¡Siempre pintas una bella luna entre mis sueños!
¡Siempre dejas una vívida marca de entusiasmo!

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