Rimas íntimas

I
He probado el amor puro
en un fruto delicioso,
con cáscara de leche
y dos ojos amorosos.

II
Tus labios, cuando hablan
son una invitación al amor,
pues tu amor se hace palabra.
Y palabra, se hace tu amor.

III
Tus ojos, quietos compañeros
me invitan a mirar la hoguera
que está encendida en tus adentros
y cantar inéditos, amorosos poemas.

IV
Manos que transmiten su alma
son las manos tuyas,
cuando palpan, acarician
y mi corazón arrullan.

V
Entre la timidez de tus ojos,
se enciende una chispa:
es un secreto que cantas,
es una noche que abrigas,
quieta y callada:
tu primer noche en mi vida.

VI
En el baúl de tu alma
atesoras toda una vida,
en la que está labrada
como una joya, tu caricia,
que me deja tus palabras
escritas… en el alma

VII
Cuadro bello que caminas
pintado con gracia y blanco amor:
¡ven, para que tu blanco tiña
la esencia de mi corazón!

VIII
Tú, mujer, eres una hoja de papel
que anhelas ser escrita
con palabras de cariño
y caricias de poesía.

¡Que tu piel sea un lienzo
y mi mano el sutil pincel,
que escriba cada día
un verso de amor en tu ser!

IX
La sal, para el limón.
El agua, para el calor.
¿Y tú, sueño de mi corazón?
¡Para las alas de mi amor!

X
Por tus labios se escurre
un secreto, que palabra
es y fruto que desaparece
en tus íntimas aguas.

Para hallarlo, se requiere
la vasija de mi alma,
que al beberlo, se funde
con tu prístina alma.

Y al comerlo, crece,
dejando su esperanza
en los ojos que se funden

por el secreto que callan:
un amor que funde
en una, a dos almas

XI
El correo de mi amor
dejó en una carta en tu alma:
remite la respuesta
a las manos y pies que te aman

XII
Tierra y cielo,
música y oído,
día y noche,
mano y amigo,
piel y caricia,
corazón y latido,
ojo y luz,
somos tú y yo, amor mío:
¡en una simbiosis de amor
nos hemos fundido!

XIII
Tres versos, e incluso cuatro,
me han enamorado de ti, amada mía:
tus ojos suaves, tus manos que sueñan,
tu piel de caricia, tus labios que miran.

Todos ellos hacen de ti
una ilusión, una divina cadencia,
detallando en tu persona
el más valioso poema,

escrito en la carne y en el hueso
que a tu precioso baúl albergan,
exhalando, oh precioso sueño que caminas,
el amoroso perfume de tu esencia

XIV
En la vaguedad del silencio
vuelan los pájaros del alma,
de sueños adornados,
alimentados con palabras.

Pero el ave bella de tu amor
se ha pasado con tu dulce calma,
para formar un delicado nido…
con el fruto de nuestras palabras.

Pronto, con tu abrazo y el mío
las aves dulces del amor que nos ata
saldrán de su acogedor nido,

para alimentarse de palabras,
de secretos y cariño…
y de un beso en el alma

Extraído de: “Poemas de un recién casado”, 2010.
Autor: Minor Sandí Salazar, derechos reservados

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