A Antígona

Dejaste una constelación, Antígona,
tras tu compasión por el caído.
Tu cuerpo fue la expresión unísona
de un amor profundamente sufrido.

Comprendiste que las leyes invisibles
te llamaron para cruzar lo desabrido
de algunas órdenes, vivencias visibles
de esa indiferencia llamada olvido.

Sean estas pocas letras un canto nuevo
a ese amor que vestiste con tu vida,
luchando para dejarle un renuevo

eterno, fuerte, grande, digno relevo
de los héroes amantes, dadores de vida,
destructores de la palabra no vivida.

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