Preludio de una caída

Cerníase sobre el Olimpo la memoria de Atlantis.
Los divinos en su ágora con furia deliberaban
antes que la sombra anunciase la noche, una figura
de la catástrofe por ellos nunca vista. Olvidada,
procuraron resumir todas las historias leídas
bajo la ruta de Apolos, que pensante vacilaba
ante la tumba de Odiseo rey, el sagaz hombre de Ítaca,
vencedor de los dioses al regresar ante su amada:

– Oh, sagaz Odiseo, creímos haberte vencido
azotando con angustias, desastres y ruinas tu alma.
Hasta el extremo lloraste al luchar con los turbios mares
y nos pareció haberte dejado sin sabias palabras.
Mas con la astucia que en tu terrible camino aprendiste
de Atenea, la de profundos ojos, quien te invocaba,
se hizo fuerte tu espíritu y luchaste, venciendo todas
las refulgentes naves rojas que los dioses enviaban.

Apolos no dejaba de contemplar el epitafio.
Meditabundo, sus pupilas quedaron refrescadas
al recordar el pasado, viendo los héroes muertos
pelear cuando los dioses sobre los hombres reinaban.
Pensó ir a los campos Elíseos, buscar la respuesta
en los labios de Odiseo, extraer sus suaves palabras
para hallar la paz y la rima en su victoria. No pudo…
humano era… Un humano vencióle sin una palabra.

Imagen tomada de Pexels

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