Poema 28

Parece que el paisaje simplemente enmudece.
Ni siquiera el tiempo mueve sus cálidas aguas.

Verdes los árboles. También las palabras. Sueñan
con el himno gigante que a diario nos abraza.

Sólo los versos emergen en nuestro silencio.
Imaginan y crean multitudes de mares,

Sitios donde el olvido no existe… Resplandecen
dos lunas oscuras que resurgen en el aire.

Es como si la noche se bebiera tu risa,
dejando recuerdos en espacios intangibles.

Veo muchas estrellas dibujando caminos.
Buscan alcanzar esos lugares invisibles,

alejados del viento mas cercanos al alma.
Escuchan al himno gigante, dulce vocero
del amor jubiloso que aún hoy nos abraza.

De repente, una frase surge entre nubes y vientos.
La oyen los árboles, la escuchan las hojas. Cantan

nuestro vivo secreto en este oculto paisaje,
concebido en el beso que fundió nuestras almas

en los versos ardientes, por los cielos cantados
como himno gigante, ilusión y fresca esperanza:

¨Verdes los árboles, verdes las palabras, sueñan
con amarse como aún nuestras miradas se aman
sin tan siquiera decirse una sola palabra…¨

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