Poema 36

Ahora que la soledad vive en el exilio
de los astros olvidados, quedamos nosotros.

Sumergidos en la enorme inmensidad celeste,
amor, ya no somos un par de mundos remotos.

Los árboles y poetas del pasado nos observan
y reviven alegres sus versos cadenciosos.

Al cantar gozosa la golondrina que vuelve
deja su rima y su himno, borrando así el lloroso

lamento por los tristes nidos olvidados.
Los nidos amorosos que se quedaron solos.

¡Cómo recuerdo ese primer día! Nuestras manos,
nuestros labios, el silencio inmortal de los ojos,
tan absorbidos por un big bang impredecible
en aquel temor que se desgajó y quedó roto.

Ese día nacieron las metáforas verdes.
Las aguas formaron nuestros cálidos arroyos.

Se posaron las lunas sugeridas, figuras
del viento concebido en este nuevo reposo…

Ya no es el primer día. Ya el fugaz tiempo deja
su indeleble marca como un arte en nuestros rostros.

Las lunas sugerentes recuerdan en los cielos:
Amor, ya no somos un par de mundos remotos,

somos dos amantes fusionados en el verso
de las aguas que se unieron como ardiente arroyo.

Jugamos con las hojas de los árboles, creando
los mil poemas que cantarán los silenciosos

luceros que anhelan ser quemados en la llama
estelar del sueño que al temor consume todo…

Imagen tomada de: PEDALANDO E OLHANDO: CHOQUE DE DOIS MUNDOS…

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