Poema 38

Al caminar por estos polvorientos caminos
y escuchar las piedras tras mis pasos, se refresca

todo este amor que empapa mis zapatos, mis ojos
y mi ser hasta la médula, llenando mis venas.

Es como si al amarte cada día las noches,
los besos, tus bosques y tus lunas se fundieran

en un interminable oasis de amor puro y claro
Es vivirte en una eterna noche con estrellas,
paisaje donde el amor llueve a cántaros mojando
el sideral reposo que siempre nos observa.

Te contemplo en mi silencio ahora que camino.
Ahora que el sol llama a las diarias experiencias,

para traducir nuestro diluvio inacabable
en ojos y manos que transpiren sus poemas,
depositando nuestras ocultas sinfonías
en los íntimos panes, las tazas y en las mesas.

El lenguaje es intraducible cuando tú llueves,
cuando tus lunas se encarnan y el sol se refleja
en las letras que inundan y empapan mis zapatos.

Siempre se crea un nuevo paisaje, una nueva luna,
epopeya repleta de estrellas y entusiasmo.

Y es que a pesar de los polvorientos caminos
el génesis nocturno aún no se ha terminado:

Mirar tus ojos, caminar juntos en la vida
y crear nuestros nuevos mundos surrealistas
es el lenguaje eternamente inacabado,

cuando cada día, cada noche y cada luna
son el tiempo nuestro para vivirnos amando.

Imagen tomada de: universalmedios.com.ar

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