Poema 39

Te vivo apasionado con mis manos, mi carne
y mis versos. Toda mi vida arde con tu aroma.
Desde el feliz día cuando llegaste a mi vida.

Nunca te conté que una vez te había soñado.
Era un día repleto de sueños y figuras
cuando la esperanza parecía ya perdida…

Hallaste la puerta de mi corazón abierta,
la mesa ya ordenada, la cena ya servida.
Había una carta, en un sobre ya preparada
esperando siempre darte una bienvenida.

El cielo contemplaba conmovido. Velaba.
Estrellas, lunas, bosques y una rima nacida
observaron mi espera en un sueño interminable.

Allí vi tus ojos, sentí tu piel, desvestida
de dudas y angustias existenciales. Soñaste,
como yo soñé, imaginar juntos esta vida.

También hallaste el verso primigenio, brotando
en aquel susurro que cantó tras tu venida,
un susurro vuelto un poemario con el tiempo.
Un poemario que te amó y te ama en este día,

abrazando el verso tuyo, tu hecho diario y puro
que respira y entrega apasionado con su vida
el elixir solo compartido por los ojos…

Ahora, el calor de tu piel suavemente abraza.
Tus palabras acarician cada hoja vivida.

Y te vivo apasionado entre toda letra y acto
de este poemario escrito en el fuego de la vida,
amando los segundos que a mi lado respiras.

Imagen tomada de Internet

9 comentarios sobre “Poema 39

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