Oda a la mujer amada

Siempre
en un silencio aparente,
eres
el poema de lo eterno
y un trópico blanco,
pozo de fuegos y poemas,
relato vivo
de un interno sol exhuberante
en tu piel relatado
como fotografía
de esa mirada sugestiva,
siempre misteriosa,
aparentemente esquiva,
obra de un arte primigenio
y guardiana
de los tesoros inefables
que el corazón escribe
en el tectonismo de la vida.

¡Cómo te pareces a los mundos
de la virginal tierra
entregada solamente
al fuego en tus pupilas contenido!

Ni las incaicas fortalezas
atesoran tantos secretos
como los versos que palpitas,
creando abrazos,
besos y jardines personales,
elegías de verdes bosques,
ríos de palabras imposibles
que refrescan a los labios
y caricias ocultas
a las manos que se rinden
en el amor bebido a solas
como tazas de armonía.

¡Cómo te pareces a los héroes
de las antiguas historias,
buscando la viva llama
de la pasión que te consume
en ríos de silencio
y hojas verdes del mañana!

¡Bendita seas!
Amarte es abrirse
con caricias al misterio
del trópico inefable…

Imagen tomada de Pexels

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